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21 de abril de 2018

Amo el tiempo intenso de las flores


 

 


Amo el tiempo intenso de las flores,
el que quema, el que hace hogueras de amapolas,
amo el recuerdo que inunda mis arterias,
amo la vida cuando sé que ya se escapa,
 cuando escribo, busco y vuelo,
cuando encuentro en otra patria, en otro suelo
el poder de tu mirada quitándome la blusa,
disparando fuego y rojo   a mis fronteras.


 Y al final un adiós y lo de siempre,  ver pasar uno a uno los veranos,
volverse invisible  al paso de los años
y querer volver atrás,  a lo imposible,
a la embriaguez del deseo indomable en tu mirada,
a sentir un cielo lloviendo enamorado
mojando mi cabello, abriendo mi paragua.
Valiente corazón, guerrero espada,
aquí te llevo y te salvo de las llamas



 
 
Edmée Cobo G.

La foto en Kolwezi, 1983

4 de enero de 2018

Tu mirada


 
 
Tu mirada



Fue un cometa cruzando mis caderas,
fue un avión sin freno en pleno vuelo,
fue una luz, un viaje, un pasaporte
fue una flecha, un huracán, un remolino.


En la hora precisa del deseo,
entre lunas y planetas, entre copas
y fantasmas, algarabía, una noche
cuando llaman tinto al vino.

Fue real,  fue tan precisa -tu mirada-
que dejó una cicatriz azul de vida,
un recuerdo, una risa, una cascada,
un saber, un sentir, una balada

Si volviera a ese minuto, moriría,
si la historia la contara en otro día,
no podría darle curso, es innata fantasía,
es locura sumada a la alegría.

El goce de ir por el amante, con los ojos
clavados en la carne, desordenando
el alma, la piel y los sentidos,
desde el fondo de ti, a mi centro, a mi orgullo y precipicio,

hace un siglo, con diciembre alborotado







 
 © Edmée Cobo Giancáspero
 
La foto en Lubumbashi, Zaire, 1991

 

 

21 de agosto de 2016

Fantasma de Invierno

 

Llegó un viejo amante que rompió mi paz.
Un siglo,
dos siglos,
eché marcha atrás. 

Mi piel de poeta me habló de otro dueño
Y mi sangre -toda- se bañó en el fuego,
una fuerza intensa recogió el  misterio,
y mi canto en versos dio origen a un sueño.

Busqué entre sus ojos lo que un día perdí

en cielos lejanos hechos de alhelí.
Un búho cantó, dos veces cantó,  
la tierra tembló al oír su voz.

Al tomar sus manos destino leí,
pinos y eucaliptos rezaron por mí,
emoción mezclé con vino y jerez
como aquella vez que de amor lloré
y

desnudo un beso 
me quebró hasta el vuelo,
me abrió las arterias y enterré mi duelo.


© Edmée Cobo Giancáspero

14 de julio de 2016

Un sueño en el molino






Si contaras las estrellas en mi sangre,
tú sabrías que mi noche tuvo luna,
y que fue mi momento enamorado,
en mi vida
fracturada en poesía,
una vida en rebelde rebeldía.

Así fue,
así lo siento y lo respiro.


Otros ojos me miraron al desnudo,
otros labios trastornaron mis sentidos,
otra voz, otro país y en otro idioma,
en la causa,
causa efecto, amor y gloria
y he venido del mar para contarlo,
y a atreverme
a vivir más de una vida
en mi mundo imaginario, día a día.

Y al mirar en un vaso el infinito,
pienso y busco las cuerdas del olvido
cuando somos Abril o somos Mayo
y encontramos
golpes, agua, sal y mar, furia y delirio.

Y los siglos marcharon en silencio,
la guitarra no cantó bajo la niebla
Y mi voz fue solo un sueño en el molino
que giraba y daba vueltas sin sentido.

.
 


Edmée Cobo Giancáspero

19 de febrero de 2014

En el tiempo de la muerte










En el tiempo de la muerte


Inconsolable toda, - lo dice un cataclismo-
Se desmorona el mundo y mis difuntos lloran,
allá bajo la tierra, bajo la cruz del sur,
donde las clavelinas se cuentan una a una.

En las oscuras tinieblas se sobrecoge  mi alma
y me seca las venas el silencio absoluto
de  los nardos en pena.
Voy a prender los cirios, para entender el luto
del amargo infinito que me invade  y se queda.

En mi desolación, en mi llanto, en mi furia,
puedo ver a mi padre cuando vuelve a mis sueños
y me abraza muy fuerte
y en secreto le ruego
que vuelva de la muerte, que salga de la tumba,
que vuele sobre el mar,
que traiga los claveles que le lleve al altar.

Es tiempo de tormentas y desconozco el cielo
y al alma le doy alas, un mapa y un camino,
y un punto tan preciso que marca mi destino 
un antes y un ahora y un fin para después.

Me asalta un calendario con un quince este mes,
en que es marzo y te nombro y se quiebran mis pies.
Ay Dios, que gire la montaña, que gire más el sol
Por siglos y por siglos, y así yo digo amén.








© Edmée Cobo Giancáspero


En la foto mi padre y yo, en Versalles, Francia.

7 de agosto de 2013

El silencio llama



El silencio llama
y entre sombras
       ¡muerde!
El silencio busca
sin saber ni dónde.

Mi alma en la sombra 

oculta tu nombre
Mi destino busca
        naipes 
                y as de suerte.

Hay pasos que parten

        directo
        a la bruma.
Hay sombras que viven
en niebla y espuma.

Hay almas que emigran

        buscando fortuna
Y este mundo
          gira, 
sin pena ninguna.






  


© Edmée Cobo Giancáspero
Registro de propiedad intelectual
código 1112070685625

23 de abril de 2013

¿Porque pensé que un día?







¿Por qué pensé que un día buscando, buscarías,
 mi huella en algún puerto,  mi nombre en un tranvía?
 -   La vieja madreselva no ha muerto, aún respira.
      Le han hecho un sortilegio y es toda brujería-

 Tal vez no me recuerdes, tal vez es mi nostalgia
que va de noche en noche, que viene y me desarma.
Tal vez algún fantasma me busca en el pasado,
se roba mi presente,
                                        mi llave
                                                   y mi candado.

 Que absurda tontería, dejar la puerta abierta
cuando el clavel del aire apenas  florecía.
 Que loca fantasía,  viajar  de Marte a Luna
mordiendo una manzana, rebelde de alegría.

 Viajando entre mil años, por siglos y por vidas.
Pensando que "es sagrado amar a fuerza viva",
Pensando que "el olvido es muerte y es pecado"
Me caigo,  me levanto, respiro,  me sostengo.

Y vienen las preguntas, sin pausas, ni respuestas
¿Por qué  se entrega  el alma con solo  una mirada?
¿Por qué la tierra gira y va tan apurada?
¿Por qué pensé que un día buscando, buscarías?




© Edmée Cobo Giancáspero
Registro de Propiedad Intelectual
Inscripción N° 235.638
del Poemario "Rompiendo los Silencios"
En Santiago de Chile


En la foto yo en el Hotel Karavia, en Lubumbashi, República Democrática del Congo, fue en mi primer día en África.

7 de febrero de 2013

No hay luna, Señor, no hay luna




No hay luna, Señor, no hay luna,
El duelo quebró mis alas y las sombras de la ausencia
hasta el alma me desgarran y el gemido de mi llanto 
funde los cirios que velan lo que un día fuera vida, 
lo que hoy ya no respira.

El tiempo tiene fracturas donde el agua
es  aguacero y la mortaja es espina
y la suerte es impotente ante la muerte vecina.

Yo tengo una pena grande, la pena del cementerio,
la pena que dan los muertos, la de la cruz de misterios
la que se viste de negro y nombra mis apellidos
escritos en mármol blanco, con letras que no hacen ruido.

Mis muertos, Señor, mis muertos
Sus almas ¿Dónde se han ido?
¿Qué camino han recorrido?
¿Es el fin? ¿Es el olvido?

             Me duele, Señor, me duele
El alma, el cuerpo me duele, cuando me recorre el duelo
Cuando me visto de luto para enterrar a los míos
Cuando el orgullo se quiebra y la cabeza se inclina
Cuando el adiós es "pa" siempre y el alma así lo siente.

              Me duele, Señor, me duele







© Edmée Cobo Giancáspero
Registro de Propiedad Intelectual
Inscripción N° 235.638
del Poemario "Rompiendo los Silencios"
En Santiago de Chile



13 de enero de 2013

Cuando llegue el día del punto final






Cuando llegue el día del punto final
y arda la hoguera y arda por mí
Lleva mi mortaja con cruz y misal,
directo hacia el fuego, sin mirar atrás

Tira mis cenizas en cualquier lugar,
pero yo te pido, cerca de un rosal,
pero si tú quieres que sea en el mar,
en el agua fresca de la libertad.

Si miras al cielo, me veras volar
en la golondrina que al norte se va,
que busca otro rumbo y un mejor lugar
en el campo abierto de la eternidad.

Quieras o no quieras, siempre hay un final,
siempre hay una rosa en algún lugar,
siempre hay un momento para no escapar
del azul del cielo, que vuela inmortal

¡La vida y la muerte, van danzando un vals! 

© Edmée Cobo Giancáspero
Registro de Propiedad Intelectual

La foto, un vitral de mi hogar.

1 de noviembre de 2012

Ay, se nos pasó la vida



Yo trepando por los muros,
Tú nadando en otra vida,
                     yo bogando por la mía
Tú en el mar, yo en el desierto
                    Ay, se nos pasó la vida

Te quedaste en el silencio y en el tiempo de otros años
En las lluvias,
en las tormentas,
En los rayos que mataron los claveles de la tarde
                    Por ser rojos
                    Por ser míos

La sirena de algún tren cruza toda mi tristeza,
cruza un naufragio de flores, cruza un faro
en la tormenta.
Habla voces que no entiendo
Habla recuerdos que pierdo

¿Vuelve lo nuestro a ser nuestro?
¿Vuelve la vida a ser vida?
Lo absurdo tiene motivos
Las noches no son de entonces

Y esta palabra loca que se transforma en verso
que escribe y que encadena
recuerdos que fueron rosas, y enero y amor,
y un verano, el más sincero

Y este cantar que tengo y este sentir que llevo,
que pregunta a la memoria, a la lluvia, al temporal
¿En qué puerto nos dejamos?
¿Dónde fue que nos perdimos?

En un puerto milenario,
donde se derrama el vino,
donde inevitablemente llueve,

                         llueve en los cinco sentidos.








© Edmée Cobo Giancáspero
Registro de Propiedad Intelectual