En el tiempo de la muerte
Inconsolable
toda, - lo dice un cataclismo-
Se desmorona el
mundo y mis difuntos lloran,
allá bajo la
tierra, bajo la cruz del sur,
donde las
clavelinas se cuentan una a una.
En las oscuras tinieblas se sobrecoge mi alma
y me seca las
venas el silencio absoluto
de los nardos en pena.
Voy a prender
los cirios, para entender el luto
del amargo
infinito que me invade y se queda.
En mi desolación,
en mi llanto, en mi furia,
puedo ver a mi padre
cuando vuelve a mis sueños
y me abraza muy
fuerte
y en secreto le
ruego
que vuelva de
la muerte, que salga de la tumba,
que vuele sobre
el mar,
que traiga los
claveles que le lleve al altar.
Es tiempo de
tormentas y desconozco el cielo
y al alma le
doy alas, un mapa y un camino,
y un punto tan preciso que marca mi destino
un antes y un ahora y un fin para después.
Me asalta un calendario con un quince este mes,
en que es marzo y te nombro y se quiebran mis pies.
Ay Dios, que gire la montaña, que gire más el sol
un antes y un ahora y un fin para después.
Me asalta un calendario con un quince este mes,
en que es marzo y te nombro y se quiebran mis pies.
Ay Dios, que gire la montaña, que gire más el sol
Por siglos y
por siglos, y así yo digo amén.
© Edmée Cobo Giancáspero
En la foto mi padre y yo, en Versalles, Francia.
En la foto mi padre y yo, en Versalles, Francia.







