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19 de febrero de 2014

En el tiempo de la muerte

                                             






En el tiempo de la muerte


Inconsolable toda, - lo dice un cataclismo-
Se desmorona el mundo y mis difuntos lloran,
allá bajo la tierra, bajo la cruz del sur,
donde las clavelinas se cuentan una a una.

En las oscuras tinieblas se sobrecoge  mi alma
y me seca las venas el silencio absoluto
de  los nardos en pena.
Voy a prender los cirios, para entender el luto
del amargo infinito que me invade  y se queda.

En mi desolación, en mi llanto, en mi furia,
puedo ver a mi padre cuando vuelve a mis sueños
y me abraza muy fuerte
y en secreto le ruego
que vuelva de la muerte, que salga de la tumba,
que vuele sobre el mar,
que traiga los claveles que le lleve al altar.

Es tiempo de tormentas y desconozco el cielo
y al alma le doy alas, un mapa y un camino,
y un punto tan preciso que marca mi destino 
un antes y un ahora y un fin para después.

Me asalta un calendario con un quince este mes,
en que es marzo y te nombro y se quiebran mis pies.
Ay Dios, que gire la montaña, que gire más el sol
Por siglos y por siglos, y así yo digo amén.








© Edmée Cobo Giancáspero


En la foto mi padre y yo, en Versalles, Francia.

7 de febrero de 2013

No hay luna, Señor, no hay luna




No hay luna, Señor, no hay luna.

El duelo quebró mis alas y las sombras de la ausencia
hasta el alma me desgarran 
y el gemido de mi llanto funde los cirios que velan 
lo que un día fuera vida, lo que hoy ya no respira.

El tiempo tiene fracturas donde el agua
es  aguacero y la mortaja es espina
y la suerte es impotente ante la muerte vecina.

Yo tengo una pena grande, la pena del cementerio,
la pena que dan los muertos, la de la cruz de misterios
la que se viste de negro y nombra mis apellidos
escritos en mármol blanco, con letras que no hacen ruido.

Mis muertos, Señor, mis muertos
Sus almas ¿Dónde se han ido?
¿Qué camino han recorrido?
¿Es el fin? ¿Es el olvido?

             Me duele, Señor, me duele
El alma, el cuerpo me duele, cuando me recorre el duelo
Cuando me visto de luto para enterrar a los míos
Cuando el orgullo se quiebra y la cabeza se inclina
Cuando el adiós es "pa" siempre y el alma así lo siente.

              Me duele, Señor, me duele







© Edmée Cobo Giancáspero
Registro de Propiedad Intelectual
Inscripción N° 235.638
del Poemario "Rompiendo los Silencios"
En Santiago de Chile



13 de enero de 2013

Cuando llegue el día del punto final






Cuando llegue el día del punto final
y arda la hoguera y arda por mí
Lleva mi mortaja con cruz y misal,
directo hacia el fuego, sin mirar atrás

Tira mis cenizas en cualquier lugar,
pero yo te pido, cerca de un rosal,
pero si tú quieres que sea en el mar,
en el agua fresca de la libertad.

Si miras al cielo, me veras volar
en la golondrina que al norte se va,
que busca otro rumbo y un mejor lugar
en el campo abierto de la eternidad.

Quieras o no quieras, siempre hay un final,
siempre hay una rosa en algún lugar,
siempre hay un momento para no escapar
del azul del cielo, que vuela inmortal

¡La vida y la muerte, van danzando un vals! 

© Edmée Cobo Giancáspero
Registro de Propiedad Intelectual

La foto, un vitral de mi hogar.

6 de enero de 2012

A mi padre


Ay, la vida tiene un punto final,
y todo se acaba camino y andar.


El dolor no pasa cuando un padre muere,
con dolor se vive, con su voz ausente,
respirando a vida, respirando a muerte
y ningún verano cambiara esta suerte.

Ay, la muerte, muerte, llegó hasta mi puerta,
ante tal peligro tranqué las ventanas
y ante tal incierto bloqueé bien las puertas.
Huracán tormenta, ¡Entró y a la fuerza!

Sus ojos se cierran ¿Por qué no me mira?
Sus labios inertes ¿Por qué no responden?
Se detuvo la noche, se detuvo la vida
Vuela el alma, vuela, me declaro vencida

Es la muerte negra, no es lirio ni rosa
Es la vil miseria, es la sangre amarga
Es la noche oscura con perros que ladran 
Es la losa fría con mármol y huesos

Y la muerte es muerte y ay que duele
Y fuerte
y el llanto impotente

es puñal por siempre y el cortejo parte
con claveles negros, con mi padre muerto.

 


Edmée Cobo Giancáspero
Código: 1201050854332
www.safecreative.org

( A mi padre fallecido el 15 de Marzo de 1994)

25 de diciembre de 2011

Cuando ya no me tengas, cuando ya me haya ido







Cuando ya no me tengas, cuando ya me haya ido
Cuando sea en tus brazos solo un sueño perdido
Cuando sea un recuerdo lejano y abatido
Cuando muera la hoguera y te des por vencido

Y tristemente duerma en mi noche más fría
Y tristemente flote en el mar del olvido
Y viaje en las tinieblas en busca de otra vida
Y encuentre el gran silencio del final del camino

Buscaras en las sombras, buscaras sin sentido
Y gritaras mi nombre, mi nombre y apellido
Ya no habrá respuesta, solo un eco de olvido
Ya no habrá un poema, solo un mármol frío.

Cuando el sol y la leña no iluminen ni abriguen
Sentirás que he partido, sin llanto ni quejido.
Un ramo de claveles  te dirán "ella se ha ido"
Y abrirán la tierra y ya nada será mío.


Me resisto a morir, me resisto al olvido
Me resisto a entender que la vida termina
Y que existe la muerte y es parte de la vida

Y seremos cenizas en un maldito día.

Yo lo juro, lo juro, volveré de las sombras
Sentirás que sí existo, sentirás que sí vivo
Sentirás que no es cierto, que nada se ha perdido
Sentirás que me amas aunque ya me haya ido


© Edmée Cobo Giancáspero
Registro de Propiedad Intelectual
Inscripción N° 235.638
del Poemario "Rompiendo los Silencios"
En Santiago de Chile

Edmée Cobo Giancáspero
Registro de Propiedad Intelectual
En Santiago de Chile
y en www.safecreative.org
1002265629353

12 de marzo de 2011

Es Junio, parece otoño














Ya nada se detiene, el payaso con su circo,
el mar con sus precipicios, el metro tan bullicioso.
La vida con su sarcasmo  -pasa de frente y erguida-
Reclamo, Señor, reclamo 
y como quisiera volver al pasado que se fue 
y comenzar otra vez, arreglar y reparar.
 
Puñales que me condenan, almas que me persiguen,
silencios que me golpean, y duele
y duele dos veces
y el tren que no se detiene, la soledad me encadena,
me hace frágil, me hace etérea,
y me elevo al infinito, al planeta de otro cielo.

Son tantas las despedidas, fusiles en mis heridas,

son tantas las lunas viejas, las velas están prendidas,
y dicen que hay un destino,
abriendo y cerrando puertas, y dicen que esta trazado,
y va incrustado en el alma, y no podemos tocarlo
cuando de infierno se trata.

No sé si estoy entre muertos,
no sé si estoy entre vivos
solo sé que escribo versos, para que el sol y la luna
escuchen lo que yo siento, entiendan las llamaradas,

el rojo, el fuego,  el incienso, y comprendan las espinas,
esas que no mata el tiempo.







Edmée Cobo Giancáspero
Registro de propiedad intelectual 
Código: 1205051589798

25 de febrero de 2011

Cae un antifaz





Cae un antifaz, se derrama la tarde.
 
Mi tren en el andén no regala ni entrega,
pero busca tu huella, en el norte, en el fuego
en cada paso en falso, en cada verdadero
en el gris del otoño,  en la voz del cartero,
en la letra arrugada de algún viejo bolero.
 
Soy la rosa roja que se ha vuelto loca,
y aunque tambaleo, retumbo y me quejo.
Ya no quiero el silencio, hoy le grito al espejo.
Aún tengo miedo de cruzar el puente,
de perder las llaves y llorar la muerte.

 

Me devoran las ansias, me consume la espera
y comparto la tarde con la flor de la higuera,
descifrando la vida  desordenando  versos.

Avanzo, retrocedo, me detengo y vuelo. 

¡Sigo viva y existo y por Dios soy presente!


Un día me veras con mis huesos y mi sangre,
viviendo en un mundo de marfil y coral,
en un mundo invisible, donde nada es real,
donde todo es posible, un llegar y llevar.
¡Cae un antifaz, se derrama la tarde!








  © Edmée Cobo Giancáspero 
Registro de Propiedad Intelectual
N° 196010 en Santiago de Chile